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Victoria Herrera, vocera nacional de Ukamau: “Nuestra lucha no es solo por la vivienda, nuestra lucha es por el buen vivir”

Victoria Herrera nunca imaginó que llegaría a ocupar los cargos que hoy representa. Era dueña de casa, vivía con sus padres, su marido y sus hijos, y fue la dificultad por acceder a una vivienda digna lo que la llevó a interesarse por Ukamau. 

Ukamau, palabra Aimara que significa “así somos”, es una organización que se desarrolla fuertemente en Estación Central y lucha por el derecho a la vivienda, por la construcción de barrio como unidad social indispensable, por el derecho a la ciudad como una necesidad básica y por el derecho humano inalienable a una vida buena para las familias del país. 

A sus 31 años, Victoria es vocera nacional de Ukamau y vicepresidenta del Partido Comunes. Además trabaja en la Municipalidad de Estación Central como gestora territorial en el sector norte de la comuna. 

Si bien tiene sus días bastante ocupados, cada vez que puede le dedica tiempo a sus hijos de 6 y 10 años, además de ir al parque y, aunque no lo haga muy seguido por el ritmo de vida que lleva, también disfruta de ver películas y doramas. 

Victoria conversó con La Voz de la Estación, y dio a conocer su visión de vida, las luchas que ha decidido dar y cómo esto la ha llevado a ser la potente mujer que es hoy. 

¿Siempre te interesaron los temas sociales y políticos o en algún punto pasó algo que te hizo acercarte a ellos?

Cuando ingresé a Ukamau lo hice al igual que todas mis compañeras, a través de Maestranza 2, el comité de vivienda. Yo estaba buscando alguna solución habitacional, en aquél entonces yo era dueña de casa, el papá de mis hijos, mi pareja, trabajaba como independiente y todas las condiciones que hoy genera el sistema que tenemos instalado en Chile nos impedía postular a algún crédito hipotecario y postular a una vivienda. 

Fue a través de una apoderada de mi hijo que conocí el Ukamau y me interesó. En ese tiempo, en 2016, se estaba desarrollando la primera etapa, estaba todo el proyecto técnico elaborado, ya tenían el subsidio adjudicado y estaban esperando poder cambiar el subsuelo y construir.

Aland Castro, uno de los fundadores y hoy coordinador de Ukamau nos dio una charla de cómo funcionaba la organización y lo que significaba, y me gustó. Me gustó no solo por la posibilidad de tener vivienda, sino por todo lo que levantaba esta organización popular, en busca de la reivindicación de los derechos de las pobladoras y pobladores.

En ese momento no se instaló inmediatamente mi situación como dirigenta, sino que fue un proceso que se fue dando de a poco. Cuando preguntaron quién quería ser parte de la directiva y por razones que no sabría decir, se me ocurrió levantar la mano. Ya en el 2017 empecé a tomar más fuerza en mi rol como dirigenta en Ukamau. 

¿Qué es lo que te mantiene en este rol de representación social y a la vez política?

Uno de los grandes aprendizajes que yo he tenido dentro de la organización es dejar un poco de lado esa mirada individualista que es la que nos enseñaron: a no salir de nuestras casas porque había peligro afuera, no involucrarnos con el resto de la comunidad, que era mejor mantenernos encerrados… Yo crecí en un hogar así, en el que enseñaban que no era bueno salir a la calle ni vincularme con mi entorno por los peligros que esto podría conllevar. Se dejaba de lado la relación en comunidad y el construir barrios. 

Hoy pienso que cuando esa comunidad no se construye, se van abandonado ciertos espacios, y el abandono de estos espacios permite de alguna manera que sean tomados por la delincuencia, por la drogadicción, por el alcohol, y vamos dando pie a estas instancias.

Cuando fui viendo lo lindo que es la construcción de comunidad, las puertas que abre este tipo de trabajo, finalmente fui entendiendo una apertura de mente, un cambio estructural en mi forma de ver la vida que finalmente me permitió entender que la vida hay que verla de una manera colectiva y hay que trabajarla de esa misma forma. 

También ahí me di cuenta que para hacer los cambios necesarios a nivel local y a nivel país hay que involucrarse en la política y tener roles que permitan llevar esta voz de las pobladoras y pobladores a los espacios de decisión y a los espacios de poder. Entender eso y aplicarlo a mi vida cotidiana fue lo que me llevó a interesarme cada vez más en estos espacios y mantenerme aquí. 

Si bien no eres de Estación Central, tu vida social y política la has hecho en esta comuna, ¿qué perspectiva tienes de ella?

Yo siento que Estación Central es mi comuna, paso mucho tiempo acá, trabajo acá.

Estación Central tiene algo que es muy rico, que es la politización que existe en sus comunidades, tenemos poblaciones que están muy politizadas y donde existe mucha organización territorial, así como hay sectores donde no.

Pero también tenemos otra realidad hoy día, que es algo con lo que nosotros como organización también hemos luchado, y es que existe una proliferación de comunidades verticales de edificios que nos muestran como no hay que construir ciudades y que es algo que quizás por décadas no vamos a poder resolver.

Eso es algo que vimos cómo se fue instalando año a año y que hoy día mantiene a la comuna carente de de acceso a servicios, que en el sector norte de nuestra comuna haya un aumento de la población en donde los servicios de salud no son capaces de solventar a toda la comunidad, entonces tenemos dos realidades dentro de Estación Central.

Si somos capaces de trabajar en comunidad quizás podamos ir mejorando un poco la situación pero es necesario vincular al gobierno, a los ministerios en cómo vamos a ir mejorando la situación de nuestra comuna. 

En ese sentido, ¿por qué crees que sería importante destacar que Ukamau se desarrolle fuertemente en Estación Central? Considerando de todas formas que tiene presencia en otras comunas y regiones. 

Ukamau nace en Estación Central entre jóvenes que querían encontrar un espacio en la comuna en donde pudiesen trabajar, conectar con la gente, y a finales de los 80 es cuando se instala como una organización que trabajaba en el territorio, pero no es hasta el 2011 que se instala como un comité de vivienda en base a un diagnóstico que se hace dentro de la población de la necesidad que existía sobre vivienda.

Cuando se hace esta evaluación nace el Ukamau como un comité de vivienda en busca de resolver esa necesidad y se construye este barrio (La Maestranza) que nos demuestra cómo es que hay que construir ciudad y es un ejemplo no solo aquí a nivel nacional, sino que a nivel latinoamericano.

Ahí se genera este contraste del trabajo que hemos levantado como organización, y no solo en cómo construimos viviendas, sino en cómo se desarrolla la comunidad cuando no tenemos una vivienda que sea adecuada y digna. 

Las comunidades verticales son espacios muy pequeños que no cuentan con áreas verdes, que no cuentan con estacionamientos. Podemos ver lo devastador que puede ser cuando no se construye adecuadamente y cuando las viviendas no contemplan todas las necesidades que pueda tener una familia. 

Es de vital importancia recalcar en cómo funciona un barrio que se construyó desde cero con sus habitantes y cómo se desarrolló un barrio en el que no se considera  el correcto desarrollo urbano en el que no se considera la comunidad para construir. Quienes llegan a arrendar es porque hay una necesidad de arrendar y al ser un espacio céntrico, les permite desplazarse con mayor facilidad. 

Si bien el precio de los arriendos es alto, la ubicación les permite ahorrar en otras cosas como lo es la movilidad, entonces se balancea eso, pero no deja de ser inhumano, no deja de vulnerar sus derechos.

La mayoría de las integrantes de Ukamau son mujeres, ¿por qué crees que esta dinámica les ha funcionado tan bien?

Las mujeres somos las administraciones de nuestros hogares y de nuestros territorios y es algo que en definitiva nos hace reconocer cuáles son las necesidades de nuestros hogares. 

Todas mis compañeras identificaron esa necesidad en base a la administración dentro del hogar y buscaron, así como lo hice yo, un lugar que les permitiera resolver esa situación. 

Con mis compañeras, con las que seguimos en esta lucha, entendemos que esta lucha es necesaria para poder que nuestras familias tengan un buen vivir, y como somos las grandes administradoras somos las que identificamos esta necesidad por la que luchamos para poder dar solución a esto, y poco a poco sí hemos ido ampliando el conocer esta necesidad a nuestra familia y que ellos se vayan vinculando. 

Yo insisto, las mujeres históricamente somos las que conocemos la ciudad, somos las que conocemos cómo funcionan nuestros territorios, las que identificamos esta situación y también vamos viendo cómo necesitamos distribuir nuestro hogar y cuando entendemos que es necesario mejorar nuestras condiciones de vida, luchamos por eso y eso es algo que yo valoro mucho de mis compañeras y en realidad de las mujeres, porque históricamente vamos levantado luces que van permitiendo las mejoras en nuestra vida cotidiana.

¿Cómo ha influido Ukamau en tu perspectiva de vida?

Es importante el haberme dado cuenta que nosotros no luchamos solo por una casa, por un espacio físico de cuatro paredes, sino que tenemos que luchar por nuestro hábitat, lo que considera el cómo nos involucramos con este espacio, cómo se desarrolla la ciudad, la movilidad, cómo viven las personas mayores, cómo se educan nuestros hijos e hijas, qué tipo de acceso a la salud tenemos…

Todas esas instancias que se van dando a medida que trabajamos con nuestras compañeras y compañeros son las que abren esta lucha al buen vivir, luchar por el buen vivir, no dejarlo solo en nuestra vivienda. 

¿Y a nivel más familiar?

Fue complejo al principio porque cuando yo ingresé a Ukamau les decía a mis hijos que yo iba a reuniones muy fomes para que ellos no quisieran acompañarme y estando allá no se aburrieran.

Eso generó un impacto en mis hijos, porque cuando yo les decía eso, les estaba diciendo que la mamá iba a un lugar que no le gustaba ir, porque “se iba a aburrir y era muy fome”. 

Hace un par de años cambié esa situación y les di a entender que la mamá no iba a reuniones fomes, les expliqué el por qué se los había dicho así en su momento y les aclaré que la mamá iba a estas reuniones porque había un desarrollo personal en esto y porque era una lucha que teníamos que dar, una lucha que yo quería dar y que iba a implicar que ellos iban a tener mayor bienestar. 

Ahora ellos entienden que la mamá va a trabajar como dirigenta, como vicepresidenta y todo lo que involucra esto. Puedo decir con harto orgullo que ellos se sienten orgullosos de lo que hace su mamá.

Fue algo complejo también explicarles que existe la pobreza, que nosotros la hemos afrontado y ellos no lo vieron, porque ellos en su niñez e inocencia no ven el allegamiento como una vulneración. Nosotros vivimos de allegados, de hecho, la necesidad de empezar a buscar un espacio donde vivir fue porque vivíamos por allegamiento en la casa de mis padres y era una situación súper compleja, porque vivíamos muchas personas, en un espacio pequeño la convivencia es compleja por algo natural. Cuando viven muchas personas en un espacio pequeño es difícil tener todas tus necesidades cubiertas. 

¿Cómo está Ukamau llevando su lucha hoy en día?¿Cuáles son los proyectos por los que están luchando hoy?

Los proyectos de vivienda son una parte, pero existen otros espacios en donde nosotros nos reunimos y tratamos de construir en el territorio realizando actividades dentro de nuestro casona que es un espacio abierto a la comunidad.

También existimos en otros territorios, donde también hemos ido levantando distintas consignas. Antes del proceso constituyente levantamos la consigna o la necesidad de generar una banca de suelo y una empresa nacional de construcción.

Durante todo el proceso Constituyente levantamos una iniciativa popular de normas que impregnamos las cosas que creíamos que tenían que estar en esta Carta Magna que se estaba disputando en ese momento, y finalmente termina siendo rechazada el 4 de septiembre y que para nosotros fue una gran derrota.

Sin embargo, hoy seguimos trabajando para que nuestro pueblo y los ciudadanos entiendan por qué es necesario hacer las transformaciones. Entonces ahí estamos trabajando en ir explicando o instalando ciertos debates sobre el buen vivir tanto dentro como fuera de nuestros espacios.

¿Algún mensaje final que tengas para la comunidad centralina? 

Quizás es un poco controversial decirlo así, pero que nunca paren de luchar. No solo por darle condiciones mejores a su familia, sino que luchemos para que todas y todos podamos cambiar, para que equiparemos la cancha, para la dignificación de nuestra de nuestras vidas, para la identificación de nuestras comunidades, de nuestras poblaciones, del país entero.

Nunca tenemos que dejar de luchar, pero esa lucha va acompañada de la empatía, del trabajo comunitario, de que construyamos en nuestros territorios, de que conozcamos a nuestros vecinos, sus necesidades, de que empaticemos.

Cuando esta empatía se activa, nos permite ir generando ese trabajo colectivo y ejercer ese trabajo enriquecedor nos permite identificar cuáles son las necesidades en nuestros territorios y trabajar entornos a ellos. Y cuando logramos hacer eso creo fielmente que se puede ir mejorando nuestra cotidianidad.

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