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Jueves, Septiembre 16, 2021

[Opinión] El enemigo equivocado: El error de confundir a quienes deciden hacer política con aquellos que se han aprovechado de ella

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Ignacio M. Puelles
Periodista en formación constante y en búsqueda de construir un pensamiento crítico en la ciudadanía. Creo en el periodismo acérrimo que combate por la verdad y que da voz a los invisibilizados por la sociedad.
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La semana pasada se dio inicio a la campaña legal de todas las candidaturas que marcarán un histórico 11 de abril del 2021, porque no sólo tendremos las elecciones electorales, sino que se suma por primera vez la oportunidad de elegir a nuestro gobernador o gobernadora regional como también a quienes nos representarán en la Convención Constitucional para que redactar la nueva Carta Magna. 

La victoria del Apruebo en el plebiscito nos dejó un sentimiento bastante esperanzador para empezar a construir las bases de un nuevo Chile; uno que se impulsó gracias a las protestas sociales que iniciaron en octubre del 2019, debido al gran descontento ciudadano que se acumuló por varios años. Por lo que cambiar la Constitución de Pinochet y Guzmán era un piso mínimo para terminar con la desigualdad que afecta al país. 

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Tras este triunfo, la discusión se centró directamente en quiénes serían las personas que tendrían la importante misión de redactar la Carta Magna: ¿serían los políticos de siempre? ¿personas expertas en diferentes temas? ¿el pueblo movilizado en las calles? ¿los famosos que vemos en la tele? ¿ingenieros comerciales? ¿sólo abogados? ¿mi vecino? ¿o yo, tal vez? 

Y fue así que aparecieron diferentes nombres que justamente daban razón a muchos de estos cuestionamientos, ya que tras la inscripción de las candidaturas en Servel podemos ver diferentes listas que integran desde los mismos partidos políticos que han gobernado estas últimas décadas como otras listas que incluyen a movimientos sociales o a personas independientes. Tal vez es la primera vez en nuestra historia que tenemos un abanico tan diverso en alternativas políticas.

Fue así que se dio inició a la campaña electoral, pero con  muchos cuestionamientos a candidatos por tomar la decisión de querer ser electos para contribuir en la construcción de las transformaciones de Chile por medio de la nueva Constitución y otros desde los diferentes puestos de representación municipal o regional. Esto, debido a un gran problema que afecta a los chilenos y chilenas, que es nuestra falta de educación cívica. 

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Se nos dijo por muchos años “no hablemos de política” y aquello significó que nos desligamos de ella, porque ahora la entendemos como “la política es lo que hacen los políticos”, cuando en verdad son todas las tipos de decisiones que realizamos en un colectivo o cómo distribuimos el poder en un grupo. Siempre estamos haciendo política: con nuestra familia, con nuestros vecinos, con nuestros compañeros de trabajo, etc.  

Este desentendimiento no sólo nos llevó a desligarnos de la política, sino que también a detestarla. Esto, por culpa de  haber visto a un grupo que abusó de ella para su propio beneficio,pero siempre criticando desde afuera, auto negándose de que uno también es parte de este sistema, siendo incapaz de asumir la responsabilidad que tiene que cumplir. 

Es esto lo que nos ha significado tener varias elecciones con niveles de abstención lamentables, y , si bien con el plebiscito pudimos ver un aumento de participación electoral, esto aún es insuficiente para generar realmente transformaciones profundas en el sistema que nos gobierna.   

Bajo este contexto, han emergido nuevas caras en la política que no vienen del mundo de los partidos políticos de la vieja Concertación o de la derecha.  Algunos pueden reconocer el rol del surgimiento del Frente Amplio, que trató o trata de converger ese sector, pero por una serie de apuestas o errores que han cometido, le han costado a sus candidatos perder parte de su credibilidad. Pero, claro, todo esto es parte de hacer política.

Esto nos vuelve al mismo problema: el rechazo a la política, o mejor dicho, a quienes deciden hacer política. Esta situación significa que no somos capaces de darle una oportunidad a quienes por primera vez están postulando a un cargo de elección popular y disputarle el espacio a los ques se han servido por décadas en diferentes cargos, tanto en las municipalidades como en el Estado, permitiendo que nuevamente sigan los corruptos y parásitos de siempre. 

Claro, con la gran cantidad de candidatos luchando por conseguir uno de los escaños ¿es mejor para mí informarme de las propuestas o ideas de cada uno para poder distinguir cuál de todos se acerca a lo que pienso o creo que necesitamos como sociedad? o, en cambio, ¿es más fácil meter a todos los candidatos en un mismo saco y decir que son “todos iguales” o “van a puro robar”?

Yo apuesto por lo primero: votar por caras nuevas y con las manos limpias. Darle la oportunidad tal vez a mi vecina que hoy se tiró para ser concejal o a un personaje que, si bien no conozco en persona, sé que es experto en diferentes temas y le creo lo que dice, así que lo apoyó como constituyente.  

Así que estemos atentos: el enemigo quiere que no nos involucremos en política, porque es justamente lo que mantienen sirviéndose de ella. Aprovechemos esta oportunidad electoral y seamos parte de diferentes formas de los cambios que se vienen en nuevo Chile. 

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